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Adicción
22 noviembre, 2017|Relatos Cortos

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Han pasado semanas desde que empecé a usar el yeso en mi brazo, la constante supervisión de mi familia es insoportable, finalmente encontré la oportunidad de escapar, mi bicicleta necesitaba salir a dar una vuelta. Era imposible manejar con el yeso, lo primero que encontré fue una roca, un golpe sería suficiente para tener movilidad en el codo, desde acá se puede apreciar la belleza de la ciudad, en unos minutos estaré abajo.

Con todas las protecciones necesarias, estaba al borde del barranco, para un novato sin experiencia parecería una locura, lanzarse por un camino que no existía, buscar la forma más rápida de llegar abajo. Me aseguré que el casco esté abrochado, no quería que pase lo de mi primer salto del techo de una casa a otra, muchos jugaban mis hazañas a una habilidad física, el momento que empezaba el miedo mi cuerpo reaccionaba de inmediato.

Me dejé caer, las llantas hicieron contacto con la pared, la inclinación justa para tener algo de control, todo cambio, podía ver más que antes, mis sentidos entran en contacto con el mundo, soy parte del todo, como si una voz me hablara desde adentro. Llegó la primera curva, mi cuerpo suelto, ágil y fuerte, levanté la llanta trasera para ayudarme, la giré a la derecha, está era la última oportunidad de salir de la quebrada.

La bici giró hacia la izquierda salimos de camino imaginario, la curva nos llevó por otro rumbo, la bajada tenía una ángulo manejable, el camino estaba por terminar. Levanté la mirada, analicé mi velocidad, el espacio de quebrada por el que teníamos que saltar, bajé el cuerpo para estar listo, al borde del abismo me impulsé con todas mis fuerzas, volé.

En el aire todo era diferente, libre, sin ataduras, por un instante desafías la ley que te mantiene esclavizado, vuelas por una eternidad, el tiempo desaparece. El otro lado de la quebrada se acerca con velocidad, me preparé para el aterrizaje, la llanta trasera hizo contacto, presioné el volante con mis manos, seguimos bajando.

A la distancia la construcción de una casa cambió el terreno, me impulsé con fuerza para no caer en el hueco que dejó la excavación, era extraño pero muchas personas hacían sus casas en las laderas, caí sobre el techo, pensé en frenar. Un vehículo servirá para disminuir la caída, perder velocidad sería fatal, intenté pedalear, iba demasiado rápido para acelerar.

El techo de cemento tenía un borde al final, debía saltar, calcular la caída en, fue demasiado tarde me sentí volando, esta vez no estaba seguro de mi caída, las llantas hicieron contacto, la alarma se encendió. Me volví a impulsar, no podía dejar que la llanta delantera pierda su lugar, bajamos del carro con facilidad, el grito del hombre se perdió en pasado.

Salí, las puertas grandes de madera estaban abiertas, al llegar a la delgada calle de piedra cruzó un auto, usando los frenos logré que la bici curve antes de chocar. Sentí al carro con mi hombro, empecé a pedalear con fuerza, en la bajada era imposible que me alcance, en esta vía era fácil acelerar, saltar de una vereda a otra, esquivar personas.

Empecé a sentir fatiga, mi corazón latía con fuerza, la sensación de invencibilidad se estaba acabando, falta poco para estar de regreso en la ciudad, bajaba a gran velocidad, sin riesgos mi cuerpo casi no reaccionaba. Un carro cruzó frente a mí, no podía detenerme, mi señal de tránsito estaba en verde, mi cuerpo se encendió, sentí al tiempo detenerse, el carro iba rápido, era imposible evitar estrellarse.

Levanté la llanta delantera con todas mis fuerzas, sentí a la bici perder el equilibrio hacia atrás, seguí al movimiento con mis brazos hacia adelante, empujando al volante para que la parte trasera se eleve, era imposible sobrevivir. Cerré los ojos, mi cuerpo se sintió flexible, listo para el próximo paso, el tiempo pasó, no sentí el golpe, abrí los ojos y ví al carro pasar bajo la bicicleta.

Sentí la vibración del motor a unos centímetros de distancia, ví el rostro del hombre manejando, su boca abierta, él parecía esperar el impacto, pasé frente al parabrisas, a milímetros de chocar. Al caer escuché un estruendo, hice lo posible por disminuir la velocidad, miré, el vehículo chocó con la pared de la esquina, seguí bajando para evitar problemas.

Llegué al parque donde se rentan las camionetas para subir a la montaña, busqué una disponible, pagué el precio de siempre, debía volver a bajar, sentir a mi cuerpo volar, ser dueño del tiempo y reaccionar antes de que sea tarde. Esta vez empezaré por otra quebrada, veamos que sorpresas me depara el futuro.

5 comentarios
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Sebastián

Planeando improvisaciones

5 comments

  • 22 noviembre, 2017 at 8:37 am

    Me fascina como me transportas a ese momento, me encantó.

  • 23 noviembre, 2017 at 6:07 pm

    (y)
    esta genial.

  • 24 noviembre, 2017 at 3:16 pm

    Sebastian, saludos, me gustan los relatos en primera persona, me hacen recordar los de un señor llamado Edgar Allan Poe ; )
    Esta historia tiene un paralelismo interesante con aquello que apasiona a cada quien, aplica para mucho, lo disfrute un montón porque además es muy oportuno, justo “Me aseguré que el casco esté abrochado” para lanzarme de nuevo a hacer lo que tanto me gusta hacer a pesar de las adversidades.

  • Maribel Lita
    6 diciembre, 2017 at 10:17 am

    Muy bueno todo, amigo. Te felicito.

  • 11 diciembre, 2017 at 5:22 pm

    Me fascina tu forma de redactar, me gustaría algún día tener este nivel de redacción para mi contenido. felicidades y saludos!

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